jueves, agosto 13, 2009

En el Mont Blanc.


Me desperté algo tarde. No tenía mucha prisa ya que Chamonix es relativamente pequeño para recorrerlo. Quería tomar clases de ski pero al ver que estaban en sus vacaciones pues no había ese servicio.

Descubrí un supermercado a una cuadra de mi hotel y ahora si me dispuse a comprar víveres para poder desayunar, comer y cenar de manera respetable y balanceada.

Yogurt con cereal, sándwiches y jugo fue mi desayuno. Me dirigí al teleférico para subir al 'Aiguille du Midi'. Nuevamente el que vendía los boletos me preguntó de mi lugar de origen y me da muchos ánimos el gusto que les da cuando les digo que soy de México. Me hizo un poco la plática sobre mi motivo de estar en eses lugares donde según él, casi no es visitado por Latinoamericanos.

El teleférico se lleno de turistas, incluyendo unas monjitas japonesas que hacías las clásicas expresiones que conocemos al sentir la emoción del viaje.



Vaya que va muy rápido el teleférico, pero casi no se siente la velocidad, lo que más se siente es el ascenso ya que varias veces tuvimos que destapar nuestros oídos por la clásica sensación que se tiene cuando estamos cambiando tan rápido de presión atmosférica.



Al fin pude tocar la nieve, ver aquellas montañas de cerca, sentir el frío del hielo en mi cara y meterme a túneles congelados. Estuve aproximadamente 5 horas en el mirador, viendo cada detalle de las montañas y al voltear al cielo, se puede ver un azul un poco más oscuro que el cielo que normalmente se ve a menor altura.



El mirador tiene una altura de 3,842 metros sobre el nivel del mar. Creo que ha sido lo más alto que he estado parado sobre la tierra. Ver de cerca el Mont Blac (la montaña mas alta de los Alpes) y apreciar la gran diferencia de barracas y colinas muy escarpadas a comparación de lo que estamos habituados en México me hacia sentir que efectivamente estaba muy lejos de mi país.



Por mí me hubiera quedado hasta que me bajaran, pero además de que había alerta de lluvia (que por cierto, sus predicciones son muy detalladas ya que mencionan el horario de la lluvia y hasta la velocidad del viento que se sentirá según la altura en que estén los alpinistas) me comencé a sentir un poco mareado y ya comenzaba a sentir ese frío penetrante del hielo al ponerme a la sombra.



Esos días de no comer bien hacían mella en mi estado físico. Una vez estando abajo visité los pocos comercios que estaban abiertos. Algunos de postales, compré suéteres muy livianos y muy abrigadores porque estaban en barata.

El resto de la tarde, con aquella llovizna y con el río que atraviesa la ciudad. Caminé para disfrutar cada parte de aquellos momentos.

1 comentario:

Pleia dijo...

que paisajes tan increíbles !!!!