jueves, septiembre 10, 2009

Pérdida de la noción del tiempo.

Después del flash informativo (mamón) anterior, continuo con la parte final del la serie del viaje a Europa.

Me levante algo tarde, mi plan nada más era bañarme, desayunar y arreglar mi maleta porque en la tarde saldría mi avión de regreso a México. Hice las dos primeras cosas y por pura y mera casualidad alquilé la computadora del hostal solo para enterarme de las noticias.

Al principio me dio risa de percatarme que la fecha en el sitio web del periódico no la habían cambiado. Pero después también ví ya la fecha de la computadora y con mucha extrañeza me surgió la duda del día en que estaba viviendo.

Para mi era un día después de lo que se veía en la computadora. Tuve que salir del Hostal y buscar un puesto de periódicos para poder ver bien la fecha que aparecían los diarios. Sé que suena idiota pero aunque suene algo fácil de hacer cuando preguntas a un amigo o a alguien ¿Qué días es hoy?, hacerlo con desconocidos y en otro idioma da más pena.

La fecha de los periódicos no mentían.. y yo aún incrédulo trataba de razonar qué fue lo que pasó. Todo los días y todo el plan y todo el tiempo estuve desfasado por un día!!.. En realidad mi vuelo salía hasta el siguiente, así que tenía un día mas en Paris!!!

A la fecha aún no sé en qué momento perdí la noción del tiempo, no solo en horas si no en todo un día completo. Jamás me había pasado, lo único que pude darme cuenta es que de plano ya estaba tan relajado, tan desconectado de todas las broncas que ya había dejado en México, que me valía el día en que vivía. Solo hacía las cosas que quería en el momento que lo quería y ya sin llevar un plan totalmente definido.

Una vez que fui asimilando que había "ganado" un día, tuve que regresar al hostal para pagar una noche más. Me asignaron otro cuarto. Como ya era casi las 11:00am no me daba tiempo de viajar a algún lugar lejos y comencé a pensar en hacer aquellos detalles que pensé que no los haría. Pasear con toda tranquilidad, sin prisas y sin apuraciones para viajar o entrar a algún lado.

Pero antes, tenía que comprar las cosas que me hacían falta, más souvenirs y cosas por encargo. Así que salí a buscarlas.

Busqué botellas de Champagne, que estaban muy baratas a comparación del precio que luego llegan a vender por acá. De las mejorcitas botellas de champagne me salieron a 23 euros cada una, compré dos; además de encontrar una botella de absenta y lógicamente que la compré, esa bebida es muy escasa en México y las pocas veces que la he visto la vendían arriba de 800 pesos la botella. En París me salió a 32 euros.

Me hubiera gustado comprar más vino pero existía el riesgo de que no me dejaran pasarlas por el avión, Según las normas, el simple hecho de llevar el absenta, por la cantidad de alcohol que tiene la bebida, no me dejarían pasarla y ni mucho menos con otras botellas con contenido alcohólico. Me arriesgaría tan solo para aprobar esa bebida que sirviera de inspiración a varios artistas y escritores, entre ellos Van Gogh y Picasso.

Regresé las botellas a mi mochila para no andarlas cargando y me dirigí a la Torre Eiffel en metro. Para despedirme y prometerle volver algún otro día. Caminé desde la torre hasta la iglesia de Notre Dame, con paciencia, a lado del Sena subiendo y regresando al afluente del rio, viendo cada casa, cada diseño de puentes, parando a veces para descansar, otras para ver a la gente patinar y divertirse como si no existiera grandes problemas en esa ciudad.

Al anochecer hice lo que ya tenía costumbre, comprar una botella de vino, pan y tomármela sentado a lado del Sena, viendo los barcos turísticos pasar. Me quedé pasada la media noche, casi cuando la mayoría de la gente se estaba yendo. Todo ese tiempo recordé lo bueno que había sido el viaje, mentalmente me despedí de la ciudad y de ese continente, lucharía por regresar a visitarlo y de ser posible, después de muchos años más, poder vivir ahí.

Tomé mi cámara y con lo poco mareado que estaba por el vino, tome ésta última foto, con la luna llena de fondo, junto al puente y al sena que quedaba muy cerca del hostal donde estaba.



Adios París.

1 comentario:

alvaro Locx dijo...

Wao me hiciste recordar mi estancia en Paris, como mexicano es muy interesante conocer esta ciudad tan diferente pero un aire latino.

Chida tu narración yo en ves de chapagne me traje una botella de vino verde de Porto y un Oporto delicioso.